jueves, 19 de febrero de 2009

Monólogo

Porquería abrir los ojos una mañana, con la intención mas pura de comenzar bien el día, y que todo salga así.
Sin importar el molesto ruido de la alarma que te dice que es hora de dejar el letargo y activarte, decides hacerlo con ímpetu y nada mas bajar la pierna de la cama en intento de recuperar la postura, te das un golpe con el cajón abierto de los calcetines. Y ahí empieza.
Tambaleándote por el dolor del golpe que parece ha encontrado caminos para expanderse, intentas caminar hacia la puerta del baño, en el campo minado que generan la ropa del día anterior, el cinto con su hebilla que en este momento se ha convertido en arma punzo cortante, los zapatos de tacón que al tropezar mas bien parecen espadas y los muñecos que aún conservas de pequeña ahora son grandes obstáculos. Pero llegas.
Y ya una vez en el baño piensas, no pasa nada ... el agua tibia al recorrer tu cuerpo lo curará todo y enmendará la forma en que comenzó tu día. Y crees haber triunfado, y te sientes revitalizada después de esos 15 minutos de gloria. Pero no importa que ropa escojas, como decidas arreglar tu cabello, o cuanto maquillaje tengas que ponerte... hay días, simplemente, que son así.
De mirarte en el espejo y no gustarte, de ver con lupa los defectos que ayer no viste, de sentirte fea y poca cosa.
Porquería de día... lo bueno es que es verdad, y sólo duran 24 horas, con suerte sólo 16. Así que venga termínate ya!.

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