Ya muerta, no podré sentir
el paso del viento y mi pelo alborotado.
Ya difunta, no podré oler
la primavera llegar y la tierra mojada.
Ya cadáver, no podré saborear
el chocolate en mi boca, tus dulces labios.
Ya occisa, no podré oír
las olas rompiéndose y el canto de un pájaro.
Ya extinta, no podré ver
la magia de un atardecer ni tu silueta alejarse.
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