De grande quiero ser como tu.
Y que me llamen Doña y mi nombre imponga respeto.
Que me saluden todos por la calle con admiración pero sin miedo.
Y llevar los bolsillos llenos de caramelos, y regalar siempre uno
a cambio de sonrisas o besos o abrazos o partidas de cartas.
Pero sin horarios, sin restricciones, quiero ver correr a mis nietos
a las 10 de la noche por el zaguán si les apetece, o comer churros a las 3
o tender su cama hasta las 9 y ver películas, series, pero no sábado gigante.
De grande en definitiva quiero ser como tu,
sólo que yo.
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