Habemos gente así, ingenuamente desconfiadas, fervientes creyentes de la interesada bondad humana, reacios a intimidar con el alma pero no con la piel.
Habemos gente todo lo contrario, maliciosamente fatuos, fanáticos creyentes de la altruista maldad humana, ansiosos de compartir el alma pero nunca la piel.
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