Cuántas veces nos negamos a decir adiós, hasta que se volvió
un eco profundo que terminó por hacerse tan presente que es difícil de obviar.
Cuántas veces más tendremos que despedirnos, desearnos
suerte, abrazarnos fuerte, y vernos partir? Llorarnos la ausencia sin realmente
irnos.
Cada vez es más frecuente y no por ello menos difícil, nos
cuesta decir adiós porque nos cuesta renunciar.
Cuántas veces nos tenemos que decir adiós para dejarnos ir?
No hay comentarios:
Publicar un comentario